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Amor al trabajo bien hecho
Por
Francisco Contreras R.
Publicado:
17 Junio 2019
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Don Francisco, al igual que muchos, realiza un valioso trabajo
Brevemente podríamos resumir el carisma marista en tres violetas cuyas dimensiones simbólicas comprenden el espíritu de familia, el amor al trabajo y el amor a María. Para nuestro entrevistado, Francisco Jaque, dichas facetas carismáticas de Champagnat destacan naturalmente.
Muchos no tienen idea que detrás del escenario del gimnasio marista se encuentra el taller de don Francisco Jesús Jaque Pérez. Allí desarrolla uno de los oficios más antiguos, la carpintería que se cree comenzó en Egipto cerca del 2.500 a. C. Su arte se entremezcla con otro de antigua data que también realiza con prolijo esmero: el de mueblista.

Ambas actividades se funden en nuestro entrevistado que desde marzo de 1990 se encuentra trabajando en el colegio y a quien interrumpimos brevemente en sus habituales labores para conocerle un poco más. Don Francisco Jaque  rememora que "ese año (1990) estaba el Hermano Santiago quien me contrató”, luego adiciona: “Yo trabajaba en el Liceo de Hombres Luis Cruz Martínez y recuerdo que vine a hacer un trabajo aquí y esa fue mi carta de presentación”.

A la fecha totaliza 29 años de servicio dedicados al Instituto marista de Curicó. “Me quedan dos años más para jubilar por lo que, si Dios así lo quiere, terminaré con 31 años aquí y más nueve años en el liceo ya tenemos 40 años de trabajo”.

Don Francisco Jaque recuerda que cuando llegó al colegio no había un taller de mueblería como tal. “Era un cuartito que se ubicaba donde hoy se almacena la basura por calle Yungay; después, donde estamos ahora, era una pequeña y antigua sala de máquinas de ejercicios que había sido levantada durante el rectorado del H. Jovino Morala. Cuando llega a la rectoría don Claudio Castillo se implementó un gimnasio en el estadio marista y como el lugar donde estaba era tan chico, le conté a don Claudio sobre mis condiciones de trabajo por lo que decidió implementar el taller donde estamos ahora”, detrás del escenario del gimnasio. Esto favoreció su faena por cuanto el ruido de máquinas no interfirió con la marcha de las clases y se facilitó el ingreso de materiales que traen los camiones de reparto desde, por ejemplo, las barracas.

Yo soy maestro carpintero –dice con orgullo- y me dedico también a la mueblería; tengo que hacer todo tipo de reparaciones como es el cambio de chapas, cambio de puertas, de todo”. Rápidamente nos cuenta que “cuando llegué al colegio arreglaba durante el verano más de 400 bancos, los que en un solo cuerpo incluían el banco y su silla unidas. Me tocaba raspar con la máquina lijadora todo ese material y después los barnizaba. Entonces – continúa relatando- cuando llegaba de vacaciones a fines de enero, dedicaba el mes siguiente a puro barnizar”. Don Francisco prosigue: "Antes sí que había bancos sueltos por lo que había que reparar, reemplazar piezas quebradas, encolar”. Cuando “los muchachos entraban a clases ya tenía todo impecable”. Después con la llegada del nuevo mobiliario metálico con cubiertas de formalita “pasamos a renovar cubiertas por lo que cada cierto tiempo hay que comprar stocks de esas cubiertas para efectuar los cambios”.

A nuestra consulta nos revela: “Fíjese que no es tanto el deterioro de muebles en este colegio, aquí cuidan bastante los muchachos, claro a veces un rayón o uno que otro grafiti, pero no es nada” lo que dista de la realidad de otros lugares. Luego nos comparte que aprecia mucho el trabajo que le correspondió ejecutar al preparar la escenografía de madera del fondo de la antigua capilla. "El H. Jovino Morala junto al H. Tomás Aceves me pidieron que realizara ese trabajo que duró hartos años, hasta el gran terremoto” del 27F de 2010. Por lo mismo, “todos los muebles de la antigua administración los remodelé y se redimensionaron de acuerdo a los nuevos recintos”. Otro de los muebles que debió intervenir es el que actualmente está en la capilla del colegio, el antiguo altar del colegio que tiene más de 100 años que debió ser ajustado artísticamente por las laboriosas manos de don Francisco Jaque.

Un verdadero libro dispuesto a compartirnos anécdotas e historia que nos permite valorar lo hecho por nuestro entrevistado y a la vez valorar aspectos casi desconocidos u olvidados de nuestro Instituto. Su mano maestra, su huella está en cada detalle como el de las escenografías de las licenciaturas, “tremendos trabajos que se armaban como un rompecabezas u otros que corresponden a montajes de obras de teatro que hemos llevado a otros lugares también”, comenta.

Se emociona al hablar de su familia: casado con tres hijos (exalumnos maristas) donde la mayor María Jesús es secretaria, Francisco Vicente es ingeniero civil industrial para una empresa alemana en Brasil dedicada a la fabricación de metales para naves espaciales y aviones; mientras que el menor, Benjamín, estudió y trabaja dedicado al campo de audiovisuales para televisión y empresas de publicidad. Orgulloso de su nieta de seis años, su rostro brilla de alegría al hablar de ella.

Así es don Francisco Jesús, feliz con su trabajo y agradecido de lo que hace. “Yo debo agradecer a Dios y al colegio lo que me ha dado, muchas cosas personales, familiares, buenos valores, tantas cosas positivas que veo en el colegio, los encuentros de auxiliares, tanto –reitera- y que sirven para toda la vida”.


 

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