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Abrir una ventana a la cultura y los valores
Por
Angel Gutiérrez G.
Publicado:
30 Julio 2018
Leido 216 veces
Padres y profesores han de comunicarse y compartir experiencias
CONTACTO MARISTA. Los niños necesitan el ejemplo de sus padres. Lo que hace que los padres sean un apoyo para los hijos es el compartir conocimientos, sentimientos, actitudes y puntos de vista, el dar una visión positiva a los problemas, el ayudar a los niños a resolverlos.
Es con todo esto lo que el niño va desarrollando su sentido de la responsabilidad.

Un padre puede pasarse horas hablando de lo importante que es la lectura en la vida, pero si él no lee apenas, el niño pensará que no es necesario en absoluto.

Lo quieran o no, lo intenten o no, los padres son los ojos con que sus hijos ven el mundo en sus primeros años, los oidos con que oyen sus ruidos, la voz que les empapa de vitalidad. Participan de su vida y sus relaciones en casa, ven idénticas vistas que los padres desde la ventana de su dormitorio, visitan lo que ellos visitan, museos o centros comerciales, se van de excursión cada domingo en familia.

La rutina de los padres es la rutina de los niños. Así les abren una ventana al mundo y les muestran lo que ellos ven, disfrutan, sienten y esperan de ese mundo. Les abren una ventana a la cultura y a los valores en que los padres creen y éstos tendrán la intensidad y la coherencia con que los padres los vivan.

Lo mismo ocurre con el colegio, que es un mirador a la historia, a la filosofía, a la literatura, al arte, a la investigación, a los números y al progreso. Cada maestro abre su propia puerta a ese mirador y recrea sus conocimientos para los alumnos. Si el mirador es fantástico hasta es posible que supla una oscura ventana familiar y llene de colores el universo infantil. De ahí la importancia capital que tiene que padres y profesores se comuniquen frecuentemente e intercambien experiencias.

Quizá solo haya una cosa tan triste como un padre que no busca tiempo para disfrutar con sus hijos y que no sabe a qué huele la verdadera educación, o un profesor hastiado que ha perdido el olfato para encontrar los tesoros que esconden sus alumnos. Pienso que vivimos en una época y en un primer mundo en que es muy difícil ser padres y muy estresante y deprimente ser profesores.

Las encuestas indican que en general, los niños son hoy más impulsivos y desobedientes, más ansiosos y temerosos, más solitarios y tristes, más irritables y violentos.

Seguramente, ellos son las víctimas inocentes del estrés de los padres de la creciente victoria del tener sobre el ser, de la carrera tecnológica que sustituye los juegos con otros niños por la tele y el computador y que impone su ley de “usar y tirar”.

Me pregunto, ¿No necesitaremos, ellos y nosotros, hoy más que nunca, reeducarnos mutuamente y dejarnos invadir por la locura del amor?



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