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A marista em Porto Alegre, Brasil.
Por
Francisco Contreras R.
Publicado:
6 Mayo 2017, 22:12
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Profesor Pedro Llantén compartió su experiencia en Brasil
Cada cierto tiempo rescatamos historias de vida que dan cuenta de la experiencia de personas singulares: esta vez traemos la del Profesor de música del Instituto San Martín, Pedro Llantén.
El comienzo de un servicio solidario.

Compartimos con nuestros lectores la experiencia del profesor Pedro Llantén como voluntario-misionero en Porto Alegre, Brasil  y que también conoció el cuerpo de profesores del ISM en voz de su protagonista. Una travesía que se inició el año anterior (2016) cuando manifestó su interés a la coordinación de Evangelización Explícita del Instituto San Martín para participar en una vivencia de trabajo con comunidades en riesgo social.

Experiencia que deseaba replicar por cuanto muchas veces desarrolló similar tarea en comunión con su esposa, ya fallecida, e hijos y que les permitió acompañar, ayudar y entregar una voz de aliento a numerosas personas que conocieron de su paso en distintos puntos del país como Chañaral alentando a la población penal de la cárcel, en Quillota, Quilpué o como voluntario de la Fundación Las Rosas y otras instituciones.

Su intención tuvo eco y acogida y con esa íntima convicción viajó en consecutivas oportunidades a la “Casa de la Solidaridad Hno. Fernando de La Fuente” en Santiago, lugar que reúne a cuatro Equipos que trabajan en el área de Solidaridad del Sector: la Corporación Educacional Marista, la Fundación GESTA, la oficina de FMSI (Fundación Marista por la Solidaridad Internacional) Cono Sur y el Equipo sectorial de Solidaridad.

El profesor Llantén participó en sucesivas reuniones que gradualmente reforzaron su idea original. Las conversaciones con Claudia González, coordinadora de Solidaridad del sector Chile, permitió que un pequeño grupo de interesados participase en diversos encuentros preparatorios para recibir, al paso del tiempo la designación de su destino: Porto Alegre. Su misión era, dada las características de personalidad de nuestro entrevistado –alegre, motivador y empático - trabajar con niños y adolescentes con una alta vulnerabilidad.

Relata el profesor que tanto “don Jaime Inostroza (rector), Rossana Avendaño (coordinadora de evangelización explícita) y Raquel Zamorano (directora de ciclo de enseñanza básica)” debieron remitir sendas cartas avalando las cualidades y características de este nuevo Champagnat marista chileno allende los Andes. Una vez cumplidos todos los requisitos -y – previo pago de costos de transportes de parte del interesado- comenzó un recorrido en enero de este año (2017) y que se extendió  hasta fines del mes de febrero.

En Puerto Alegre.

Una vez que llegó a la capital del estado de Río Grande del Sur, urbe con más de 4 millones de habitantes en su zona metropolitana y estratégico centro industrial de Brasil, nuestro viajero profesor se encontró con un mundo de contrastes. Siendo recibido por los hermanos maristas de Solidaridad de Porto Alegre, comenzó a apreciar las grandes desigualdades de este gigante país.

Luego de ubicar sus pertenencias y reconocer su lugar de pernoctación fue conducido hasta un centro de atención marista que recibe ayuda y subvención del Estado para atender a unos 350 educandos cuyas edades oscilan desde los 8 a los 17 años y que complementa otras instalaciones y servicios que concentra en la ciudad el Centro Social Marista o CESMAR. Jornadas intensas de trabajo que día tras día le llevaban a reunirse con niños y jóvenes que muy alegres le esperaban.

El centro social se encuentra en un medio muy deprimido; las favelas –o comunas en castellano- son de pobreza extrema y con una alta tasa de criminalidad”, nos cuenta el profesor Llantén porque está constantemente jalonado por rencillas “entre bandas de narcos que diariamente cobran la vida de más de alguna persona”, lo que agregó una cuota de riesgo extra, especialmente durante sus desplazamientos por la zona.

Nuestro profesor de música nos señala que fue muy bien acogido por los niños que cada vez que lo divisaban le coreaban un cálido “Chi -chi - chi , le - le – le”, recuerda con emoción. Cada jornada se iniciaba con la recepción de los niños, oración matinal y desayuno. Posteriormente se desarrollaban las actividades deportivas, juegos, actividades culturales como jornadas de cine: “dependiendo del día se tenían actividades diferenciadas”, clarificó.

Luego de entregarles el almuerzo, los niños se retiraban del recinto para dar lugar a los más grandes a quienes también se les espera con almuerzo y se diseñan actividades especiales de acuerdo a su edad para el resto del día. Este trabajo se mantiene durante todo el año e “inclusive durante el año escolar si los niños van a la escuela en la mañana, los profesores les esperan por la tarde en este recinto marista de la solidaridad para realizar reforzamientos y talleres dedicados a ellos”, reseñó Llantén.

Contrastes y proyecciones para seguir ayudando.

Destacó "el afectuoso y cariñoso saludo de los brasileños, muy de piel, que transmiten a pesar de sus realidades, una innata alegría que exteriorizan y que es muy distinta a la parquedad de los chilenos de hoy”, nos consigna nuestro entrevistado a modo de anécdota que inclusive se las ingenió para realizar algunas clases de español para niños y educadores, “tarea difícil porque les costó muchísimo lograrlo” e indica que mantiene estrecho y diario contacto con sus mentores de Porto Alegre.

Cuando me aposente –como se dice en Brasil -, es decir cuando me jubile, tengo claro que dedicaré mi tiempo al voluntariado para entregar un granito de ayuda a los más necesitados” nos reveló con gran convicción.

Un mundo distinto en lo cultural a nuestra realidad, con ghettos de pobreza dura que hacen que los maristas también estén presente en medio de esa realidad para ayudar y asistir educando a los beneficiados de su obra aunando energía y recursos para sostener una gran cantidad de centros y escuelas con la impronta que Champagnat muchas veces repitió:

“No puedo ver a un niño o a un joven sin sentir profundas ganas de gritarle lo hermoso que es vivir y el gran amor que el Padre Dios nos tiene” y que esta vez un misionero, Pedro Llantén, profesor de música del Instituto San Martín de Curicó, también renovó en esta experiencia de servicio en Brasil.
 

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