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El pulso de una experiencia
Por
Francisco Contreras R.
Publicado:
29 Marzo 2017, 10:25
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Compartieron su experiencia laboral en el Hospital de Emergencia
Acompañamos a los estudiantes del cuarto medio matemático en una de sus reuniones (toma de pulso) con sus profesores durante la semana de inserción laboral hospitalaria.
La última actividad del itinerario de la Evangelización Explícita que siguen los estudiantes maristas durante su paso por el Instituto San Martín es cumplir con el trabajo que realizan centenares de personas que trabajan en el Hospital de Emergencia de la ciudad de Curicó.

Durante la semana del 20 al 24 de marzo, fue el turno de los alumnos del 4° medio B. Ellos cumplieron con jornadas laborales similares a las de los funcionarios hospitalarios en diversas reparticiones de ese centro de salud.

Paralelamente, el trabajo es monitoreado por educadores de la enseñanza media superior reuniéndose en dos oportunidades en el colegio durante dicha la semana para compartir sus expectativas, temores y fundamentalmente expresar sus sentimientos frente a las singulares experiencias vividas.

Múltiples experiencias compartidas.

Acompañar a los pacientes, que en algunos casos fallecieron o el aproximarse al dolor y a la esperanza de luchar por vivir fueron retazos de los comentarios compartidos en un ambiente de profunda reflexión realizada en la capilla del colegio. El trabajo “tedioso” de llenar fichas médicas o el “valorar lo que se tiene o no” fueron parte del dialogo que se generó entre el director del ciclo, profesor Waldo Maldonado junto al profesor Jorge Muñoz, encargado de la Evangelización Explícita para dicho ciclo y el tutor del curso, profesor Manuel Santelices.

Vicente Sánchez Henríquez, destacó el trabajo que se realiza en la cocina del hospital. Cada día se preparan miles de colaciones “bajo la estricta supervisión de las nutricionistas” nos señaló. Luego agregó que este trabajo “volvería a hacerlo nuevamente.” Recordó que “desde el día uno pude recorrer el hospital y sentir que era muy bien acogido”, resaltando así el trato amable de los funcionarios.

“Hasta ahora creo que ha sido una experiencia realmente muy buena”, nos señaló Sofía Maldonado Leyton. “En realidad uno aprende a darse cuenta de muchas situaciones que nunca cree que puedan pasar”. Sofía señaló que ella estuvo en el Policlínico Alivio del Dolor, unidad que atiende a más de 300 pacientes con cáncer en etapa avanzada; recordó que durante los dos primeros días fue muy duro ya que “se me murieron dos pacientes” de edad avanzada.

Sofía Maldonado resaltó que esta es una experiencia única que otros colegios maristas o de otra índole no entregan “y de hecho, esto les llamaba la atención a muchas personas al conversar con ellas porque se valora el salir de la burbuja en que se vive.”

Quien estuvo en el servicio de alimentación del Pensionado fue Patricio Ponce Gómez quien dijo que “a primera vista uno tiene la impresión que el hospital es una organización con una desorganización (sic) total”; luego explicó que “hay que vivirlo para poder contarlo y reconocer que está muy bien constituido. Porque muchos señalan que el hospital es esto o lo otro; sin embargo a pesar de la escases de recursos se han organizado muy bien”. Patricio concluyó que en general todas las personas son muy buenas y con “un trato que fue muy bueno”, agregando que “me comí todos los postres”. Definitivamente "recomendaría que todos hagan esta experiencia."

Conversamos también con Vicenta González Jaidar que denotaba una notoria disfonía: “Es que me tocó trabajar en el jardín infantil y por eso estoy así”, explicó. Vicenta estuvo con los niños del nivel medio-mayor, de dos a tres años de edad lugar donde desde niños a educadoras “me trataron desde el primer día con mucho cariño, como una tía más.”

“La verdad es que me sorprende mucho lo esforzado que es ese trabajo porque hay tías que, por ejemplo están en salas cunas y que tienen que estar constantemente cambiando pañales y a la par viendo que a los demás niños no les pase nada.”

Consultada sobre lo que ella rescata de esos días en el Hospital de Emergencia, Vicenta no dudó en señalar que “creo que lo más importante es valorar el esfuerzo que hacen nuestros papás, porque mi mamá es profesora y también veo que lo hace igual, entonces es apreciar lo que ella misma realiza y que no valoramos tanto en nuestro día a día”, indicó emocionada.

Finalmente Vicenta nos dijo que “me he dado cuenta que es esforzado ganarse la vida y me doy cuenta que el cansancio que se tiene es verdadero y deben seguir todos los días sin parar.”

Así fue la toma de pulso de la experiencia hospitalaria de los matemáticos de la generación 2017. Lo importante es aquilatar y reflexionar frente a lo vivido, crecer desde uno mismo y desde allí irradiar al mundo: sólo así esta experiencia de vida habrá valido la pena.
 

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